“Y, sin embargo, yo canto por ti”. Sobre el documental Uyariy/Ist’aña

Lía Ramírez Caparó

Estoy llorando, yo sé llorar

Y, sin embargo, yo canto

por ti.

Y, sin embargo, yo bailo

recordando siempre, siempre tu nombre

(canción aymara en Uyariy/Ist’aña)1

“Luego de unos minutos, alguien valiente —siempre hay alguien valiente—, convirtió el duelo en lucha. El silencio, en estruendo; la quietud, en acción, ojalá que en acción. Ese alguien gritó: ¡Justicia!”. Así cuenta Miguel Ángel Farfán que, en la tiniebla del final del documental Uyariy/Ist’aña/Escuchar, se formó un coro de voces: la sala de cine se convirtió en un espacio para expresar la indignación.

Diferentes medios han comentado la censura de Cineplanet, del grupo Intercorp, al estreno del documental dirigido por Javier Corcuera, lo que constituye un caso más de censura contra el sector cultural. Esta práctica, como bien ha registrado Guillermo Valdizán, ha sido constante y ascendente desde el 7 de diciembre del 2022, día en que Dina Boluarte tomó el poder, para consolidar el “pacto de impunidad” integrado tanto por la presidencia como por las Fuerzas Armadas y el Congreso, y apoyado por los poderes económicos y mediáticos del país, quienes han desempeñado un rol fundamental en legitimar las vulneraciones de derechos humanos frente a la población a través de la manipulación de los medios y la censura. Hoy en día, la creación del Colegio Profesional de Artistas del Perú supone una nueva amenaza de control sobre la producción y la circulación de productos culturales que cuestionan al tenaz pacto de impunidad.

El escenario político actual y la persistente política de impunidad exigen retomar el documental dirigido por Corcuera. Uyariy/Ist’aña relata los hechos en torno a la masacre del 9 de enero de 2023 en Juliaca, día en que las fuerzas del orden, a cargo de Boluarte, causaron la muerte de dieciocho personas. El documental narra el duelo de los familiares de las víctimas y los lazos de solidaridad que lo sostienen, como la iglesia dirigida por el padre Luis Zambrano y las múltiples manifestaciones en Juliaca y en Lima, donde el dolor se transforma en canto, baile y compañerismo, “recordando siempre, siempre”. En el comentario mencionado, Miguel Farfán sugiere que el efecto de un documental como este en la audiencia es la conmoción, lo que nos lleva a preguntarnos hasta qué punto un documental puede motivar la acción y de qué hablamos cuando hablamos de producciones culturales comprometidas con causas políticas y sociales.

Más allá de ser un producto cultural dirigido a una audiencia a través de las pantallas, el equipo de Uyariy/Ist’aña ha demostrado su compromiso político de diversas maneras. En días previos al 28 de enero del presente año se desplegaron afiches en redes sociales para convocar a la movilización en solidaridad con la Marcha de Sacrificio denominada “Uyariy”: un recorrido de más de 140 km realizado a pie por distintas asociaciones, entre ellas la Asociación de Mártires y Víctimas del 9 de Enero de Juliaca. La denominación de la marcha, el diseño de los afiches para difundirla, compuestos con imágenes del documental, y las plataformas donde circularon estos y otros comunicados y denuncias revelan la manera en que el equipo de Uyariy/Ist’aña prestó sus materiales y redes al servicio de acciones concretas de las asociaciones que, al día de hoy, siguen reclamando justicia. De la misma forma, las redes sociales del documental fueron prestadas para difundir los comunicados de las asociaciones en el contexto electoral. Entre ellos, se publicó un comunicado reciente en que la Organización Nacional de Familiares y Víctimas de la Masacre 2022-2023 criticó la ley que impide juzgar a militares en un tribunal civil y, a su vez, señaló el blindaje político de Keiko Fujimori hacia Dina Boluarte y las Fuerzas Armadas. Seguramente, las acciones de apoyo de este equipo cinematográfico pueden someterse a críticas sobre su impacto y alcance (porque quizá nunca nada parece suficiente); sin embargo, estas acciones muestran que el compromiso político de los sectores culturales no sólo se encuentra en aquello que representan, narran o, en este caso, documentan, sino también en la manera en que se involucran en estas luchas.

Sumarme a la serie de comentarios sobre la película supone el riesgo de redundar en la conmoción que genera; no obstante, creo que es necesario reiterar esos sentimientos cuando aún grandes sectores de la población parecen no sentirse afectados por lo sucedido. El documental se inicia con fuerza, removiendo la memoria de quienes estuvimos atentxs a lo ocurrido a través de las pantallas. Durante los primeros minutos, el documental agrupa videos de distintos tamaños de pantalla y resoluciones que circularon en redes sociales y evidenciaron los disparos y los abusos por parte de las fuerzas del orden en diferentes partes del país. Desde las ventanas de sus casas, personas desconocidas registraron el horror de los hechos. Más adelante en el documental, se entrevista a quien registró fotográficamente una de las muestras más visibles de la arbitrariedad de la violencia estatal en Juliaca: los disparos de las fuerzas del orden desde un helicóptero. Con esto, Uyariy/Ist’aña pone de manifiesto el papel esencial de las cámaras externas a la prensa tradicional para denunciar la brutalidad policial y su relevancia para mostrarnos lo que esta oculta o distorsiona. Ello sitúa a la cámara que registra el documental entre esas otras cámaras que actúan desde la premura, la urgencia y la necesidad de documentar evidencias y voces.

Así, una parte del documental está compuesta por el material que Corcuera y su equipo registraron durante las movilizaciones en Juliaca y en Lima. En medio de las arengas y las bombas lacrimógenas, los gritos de miedo y la agitación, la cámara habilita un espacio para que quienes protestan se expresen sobre la situación que viven en ese momento; un espacio para que den cuenta de las razones y emociones que motivan su participación en la protesta. De esta manera se evidencia que la lectura de quienes protestan no es exclusivamente coyuntural, sino sistémica: una señora que afirma ser de Puno y que participa en la “Toma de Lima” denuncia, en medio del gas lacrimógeno, la existencia de un estado racista y centralista que genera desigualdad económica. En el mismo contexto, un señor señala la necesidad de soluciones estructurales, como la convocatoria de una asamblea constituyente. En una de las protestas cerca del aeropuerto de Juliaca, una de las personas entrevistadas menciona que en Lima no entienden los problemas. En este sentido, Uyariy/Ist’aña es un producto cultural informativo que disputa el poder de los medios de comunicación tradicionales, los cuales no buscan comprender las razones por las que la población protesta, sino, en cambio, usar sus voces para representarlos como sujetos violentos e irracionales.

Así como el documental, que en sí mismo es una herramienta de lucha, la canción y el baile se desempeñan del mismo modo a lo largo del filme. Como indica su título, el sonido es central en la pieza, un tema ya explorado por Corcuera en Sigo Siendo (2012). En Uyariy/Ist’aña se registran los sonidos y las canciones que envuelven la protesta y el duelo, interpretados y acompañados por sikus, ayarachis, flautas traversas, trompetas, saxos, acordeones, bombos, entre otros.

Uyariy/Ist’aña registra canciones que narran historias de lucha y de represión estatal presentes y pasadas, que se conectan como parte de un continuum de violencia y lucha en la historia política y cultural de la región. Así ocurre con el doloroso canto de una madre frente a la tumba de su hija, víctima de la represión, quien, acompañada de un arpa, contextualiza su duelo en la masacre del 9 de enero. Ponerle fecha a la masacre, como una forma de nombrarla en la historia, se observa también en el famoso huayno que narra la protesta contra el gobierno central por el pedido de mejoras en la ciudad y la masacre del 4 de noviembre de 1965, interpretado por Edith Ramos en el documental, encargada de la producción musical. Escuchando esta canción mientras escribía este comentario, vi que en 2023 algunas personas comentaron en un video de esta canción subido a YouTube que la historia relatada en este “segundo himno de Juliaca” se repetía y pedían, como dice la canción, “Juliaca, nunca desmayes por tu sangre derramada”. La música parece ser un registro con el que se canalizan y transmiten las memorias e historias de la región, que reaparece cuando el dolor producido por la violencia estatal vuelve. Uyariy/Ist’aña muestra que, lejos de una conciencia histórica en la que priman el dolor y el sufrimiento, la memoria sirve de inspiración, reanima la indignación y el compromiso colectivo. Esto se observa en las declaraciones de una joven entrevistada en el documental, quien protesta y menciona la memoria de la sublevación de 1923 contra el sistema de haciendas en Huancho Lima (Huancané, Puno) y la masacre posterior. Estos tres sucesos históricos, narrados a través de la música y la memoria, comparten el sentimiento de olvido y desprecio que moldea la tensión histórica entre el Estado Central, ubicado en Lima, y Puno. Sucesos en los que el desprecio se traduce en masacre e impunidad.

Una canción que el documental registra en las protestas de Juliaca y que está en línea con el sentido de lucha que despierta este continuum histórico es “El pueblo unido jamás será vencido”, compuesta y grabada en 1973 por el grupo chileno Quilapayún. Su interpretación durante una protesta es registrada por el documental desde, parece, lo alto del cerro Huayna Roque. Desde ahí, se ve el paisaje de la ciudad al anochecer, iluminado por la luz de los postes. Desde ahí, se escuchan unas trompetas retumbar. Esta hermosa escena da cuenta de la capacidad del sonido para cubrir la ciudad y convertirse en un foco de atención que convoca a lxs demás a protestar y hacerse escuchar. La presencia de esta canción en el territorio muestra la vitalidad de este himno de protesta, que habla de la unidad de un pueblo que lucha unido por una “vida que vendrá”; asimismo, despierta muchas preguntas que exceden los propósitos del documental: ¿Será nueva su interpretación por lxs músicxs de Juliaca? ¿Hasta qué punto da cuenta del impacto de los procesos latinoamericanos en las luchas locales? ¿De qué manera circuló por primera vez esta canción en el sur andino?

Si bien Uyariy/Ist’aña centra su atención en las personas y en los conflictos con el Estado central, incluye momentos de pausa que permiten, justamente, que la conmoción ahonde en el corazón. Así, las palabras y los sonidos se entraman con los paisajes que nos hacen sentir como si estuviéramos ahí, frente a la inmensidad del lago Titicaca y del cielo altiplánico. Al final del documental, se observa que, entre cantos, fogatas y lágrimas, una barca que navega por el lago lleva las fotografías de las víctimas como parte del ritual del duelo. Quizá se pueda reflexionar sobre el simbolismo de esta escena en relación con la barca y la muerte; sin embargo, algo concreto es que este lago —visto desde fuera de la región solo como postal turística— es partícipe y contenedor del duelo. En el contexto de la violencia estatal, observar la belleza del lago, que delimita el cielo y las montañas del horizonte, elementos que constituyen el afiche del documental, trae de vuelta el dicho popular: “Puno, tan cerca del cielo, tan lejos de Lima”. Más allá de una lejanía territorial, es la lejanía que, en reiteradas ocasiones, se increpa en el documental como una incomprensión de la capital, un olvido que se traduce en injusticia y precariedad. Tal como se ve en el famoso libro de José Luis Renique La batalla por Puno (IEP, 2004), las luchas y decisiones políticas del sur, de Puno y de Juliaca han representado históricamente el deseo de romper con este sentido de lejanía.

Pese a ciertos vacíos que vale la pena señalar, como la ausencia de una contextualización más profunda de las motivaciones iniciales de las protestas, que respondieron a la destitución de Pedro Castillo (y a lo que ello supuso para la población), creo que el documental es una propuesta para agrietar esa lejanía. Es una propuesta para expandir la conmoción, interpelarnos y hacernos pensar de qué otras formas agrietar la indolencia ante esta situación y ante un sistema que sostiene la impunidad. ¿De qué maneras ampliar la circulación de este documental y de otros materiales relevantes para recalcar esta verdad? ¿De qué otras maneras seguir batallando por la justicia en estos casos y en tantos otros que siguen impunes?

Ojalá tengamos la fuerza que nos enseña Juliaca para seguir.

¡Juliaca, nunca desmayes!


Uyariy – Ist’aña. 2025. Duración: 90 min. Dirección: Javier Corcuera. Producción: Intermedia Producciones, Quechua Films, La Mula Producciones. Guion: Javier Corcuera. Música: Edith Ramos, Zamy Juárez. Fotografía: Mariano Agudo. Imágenes: cortesía Quechua Films.

Notas

  1.  Agradezco a lxs compxs que me dieron algunas luces y prestaron sus oídos para pensar el documental y la escritura, Vilca, Fernando, Kelly y Tania.

29.06.2026


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