Una disciplina para imaginar y gobernar: historia intelectual y límites de una historia de la antropología peruana

Erik Pozo-Buleje

Ficciones de la antropología peruana es un libro ambicioso, informado y largamente esperado. Pablo Sandoval se propone reconstruir una historia intelectual de la antropología peruana a lo largo del siglo XX, no como un simple desarrollo acumulativo de una disciplina académica, sino como un campo de saber atravesado por proyectos políticos, lenguajes de intervención social, imaginarios nacionales y disputas por la definición legítima de la alteridad cultural. El resultado es una obra de gran densidad analítica, apoyada en una bibliografía amplia y en una lectura fina de tradiciones intelectuales, que ofrece una narrativa consistente sobre los vínculos entre indigenismo, nación, modernización y ciencias sociales en el Perú.

Uno de los mayores méritos del libro reside en desplazar una visión internalista o celebratoria de la historia de la antropología en el Perú. Sandoval no escribe una genealogía institucional de cátedras, departamentos o “grandes maestros”, sino una historia de problemas. Le interesa mostrar cómo la antropología peruana fue constituida por imágenes del indio, del campesino, del cholo, de la comunidad, de la nación y de la modernización que, antes que reflejar pasivamente una realidad preexistente, contribuyeron activamente a producirla como objeto de conocimiento y de gobierno. El libro se organiza a partir de cinco grandes núcleos temáticos que buscan captar las dinámicas de los cambios intelectuales entre las décadas de 1940 y 1980: indigenismo, “problema del indio”, modernización, campesinado y cholificación. Esta arquitectura argumentativa le permite seguir con claridad las mutaciones de los lenguajes de las ciencias sociales peruanas: desde la centralidad del indio como problema nacional hasta el protagonismo del campesinado como sujeto de reforma; y, más tarde, desde la atención al mundo rural andino hacia el estudio de las migraciones urbanas, la cultura chola y la reconfiguración del país popular.

En ese recorrido se advierte una de las tesis más sugerentes del libro: la antropología peruana no fue únicamente una práctica académica de descripción cultural, sino una tecnología intelectual estrechamente vinculada a la intervención social, a la reforma estatal y a la imaginación de futuros colectivos. Ese énfasis en la finalidad práctica de la antropología peruana constituye, a mi juicio, una de las contribuciones más fuertes del trabajo. Sandoval muestra que buena parte de la legitimidad de la disciplina, sobre todo en su momento de consolidación, no descansó exclusivamente en su estatuto científico, sino en su capacidad para ofrecer diagnósticos, clasificaciones y programas de acción sobre poblaciones consideradas problemáticas, rezagadas o en transición. La antropología aparece, así, como un saber orientado a la transformación: una disciplina que no sólo interpretaba el país, sino que aspiraba a volverlo gobernable, integrado y moderno. Esta hipótesis recorre el libro con fuerza y permite releer, bajo otra luz, debates clásicos sobre indigenismo, aculturación, reforma agraria, comunidad campesina y migración.

Propuesta de desarrollo para Vicos, incluida la modificación del vestido tradicional. A Virtual Tour through Time and Space: Lessons from Vicos, Peru. Universidad de Cornell, Instituto de Montaña, Asociación Urpichallay, Comunidad Campesina de Vicos. En línea.

La reconstrucción de Sandoval es especialmente sólida cuando se ocupa del mundo andino. Allí el libro encuentra su terreno más fértil, tanto por la densidad de los debates como por la centralidad histórica que tuvieron los Andes en la formación de las ciencias sociales peruanas. Su análisis del tránsito entre el indigenismo y la antropología profesionalizada, así como su lectura de la posterior centralidad del campesinado, ofrece una visión precisa de cómo el problema nacional fue formulado, durante décadas, desde una imaginación serrana del Perú. Del mismo modo, su examen del proceso de cholificación y de las transformaciones culturales asociadas a la migración del campo a la ciudad permite entender por qué, entre las décadas de 1960 y 1980, el interés antropológico se desplazó del estudio de las comunidades rurales hacia los nuevos sujetos urbanos y populares.

Sin embargo, junto con estos méritos, el libro deja abiertos varios problemas. Uno de ellos, y no el menor, es el uso de la noción de “ficción”. El título promete una tesis fuerte sobre el estatuto de las categorías y narrativas producidas por la antropología peruana. Pero esa promesa no acaba de cumplirse. Y no porque la categoría “ficción” sea excesiva, sino porque su rendimiento analítico no se explicita con suficiente precisión. Después de todo, “ficción” no es un término cualquiera. En ciertos debates antropológicos y filosóficos, remite a operaciones especulativas muy precisas, a modos de enunciación y producción conceptual que no pueden confundirse ni con el error ni con la simple invención retórica (como he desarrollado en otro lado Pozo-Buleje, 2023) . Solo por citar algunos, en antropología tenemos los trabajos recientes de Pierre Déléage Transmigrations. Lovecraft, Barlow & Burroughs (2026) y L’Enchâssement (2023) y en filosofía a Quentin Meillassoux Métaphysique et fiction des mondes hors-science (2015). Justamente por eso, si se coloca esa categoría en el título de un libro de esta naturaleza, habría sido necesario definir con mayor rigor qué tipo de ficción se está invocando, qué trabajo conceptual realiza y en qué sentido permite comprender mejor la historia de la antropología peruana. De lo contrario, la noción corre el riesgo de funcionar más como palabra de efecto que como verdadera categoría analítica.

Este punto es importante porque no se trata de una objeción nominalista. El problema no es que Sandoval haya elegido una palabra demasiado audaz, sino más bien que no termina de mostrar por qué “ficción” sería aquí la categoría necesaria. Si el argumento del libro apunta a mostrar que la antropología produjo imágenes parciales, mediaciones intelectuales, representaciones históricamente situadas o construcciones ideológicas con efectos prácticos, entonces quedaría por explicar con más detalle qué gana exactamente el análisis al nombrar todo eso bajo la rúbrica de ficción. Tal como está planteado, el título parece anunciar una radicalidad conceptual mayor que la que el desarrollo efectivo del libro entrega. Y en ese desajuste entre promesa conceptual y elaboración analítica se juega una de sus debilidades.

A ello se suma otro límite importante. El libro traza con agudeza la historia de los cambios intelectuales entre 1940 y 1980 a través de cinco capítulos centrados en indigenismo, “problema del indio”, modernización, campesinado y cholificación. Al hacerlo, deja relativamente subdesarrollado un frente que, dentro de la propia lógica argumentativa del autor, merecía mayor atención: el de la Amazonía y, de manera más específica, el de la obra de Stefano Varese. Este punto no es menor ni responde a una demanda externa al proyecto de Sandoval. Por el contrario, surge del corazón mismo de su argumento. Si el libro quiere historizar la finalidad práctica de la antropología peruana y su articulación con los proyectos de modernización entre 1940 y 1980, entonces cuesta entender por qué no incorpora de modo sustantivo un caso amazónico que encaja de manera ejemplar en esa problemática. La obra de Varese no constituye aquí una referencia lateral ni un simple complemento regional: representa una de las formulaciones más claras de una antropología amazónica imbricada con Estado, desarrollo, colonización, organización indígena e intervención social.

El Estudio sondeo de seis comunidades aguarunas del Alto Marañón (1970), elaborado por el equipo de Varese para la División de Comunidades Nativas del Ministerio de Agricultura, lo muestra con claridad. No se trata de una monografía etnográfica aislada ni de una mera descripción cultural, sino de una investigación inscrita en un contexto de colonización estatal del Alto Marañón, orientada por una finalidad abiertamente práctica: producir conocimiento útil para comprender la organización social aguaruna, diagnosticar condiciones demográficas, económicas y educativas, y formular recomendaciones que orientaran la acción institucional. Se trata, en suma, de una antropología amazónica directamente vinculada con programas estatales de modernización, producción de categorías operativas, diagnóstico socioeconómico e intervención planificada. Pocas evidencias podrían ilustrar mejor la propia tesis de Sandoval sobre el vínculo entre antropología y finalidad práctica.

A ello se suma “Relaciones interétnicas en la selva del Perú” (1972), artículo donde Varese formula una lectura estructural del lugar de las poblaciones amazónicas en el conjunto de la sociedad peruana. Allí insiste en que no basta una perspectiva etnográfico-descriptiva y que los grupos indígenas de la selva deben ser comprendidos en un contexto socioeconómico, político-administrativo e histórico más amplio, marcado por relaciones de dependencia, dominación interna y fronteras económicas. No es difícil advertir la afinidad entre esta formulación y varias de las preocupaciones centrales de Sandoval: el estatuto práctico del saber antropológico, su articulación con procesos nacionales de modernización y su inscripción en proyectos de transformación social. La ausencia relativa de Varese priva al libro, por ello, de un contrapunto amazónico que habría fortalecido notablemente su argumento general.

Más aún: la omisión de este caso reproduce, al menos parcialmente, el mismo sesgo andinocéntrico que el propio Varese denunció tempranamente en las ciencias sociales peruanas. En su célebre balance sobre la selva peruana, Varese señalaba que los estudios sociales del país tendían a detenerse al cruzar la barrera de los Andes y que el peso de la problemática campesina andina y costeña había relegado a la Amazonía a una posición secundaria dentro de la imaginación académica nacional. En este sentido, el límite del libro no es únicamente que “falte Amazonía”, sino que deja fuera un caso que habría confirmado, precisamente desde la selva, su propia tesis sobre la antropología como saber práctico de la modernización.

Dicho de otro modo: la crítica no consiste en pedir una cobertura enciclopédica del país ni en exigir una representación proporcional de todas sus regiones. El problema es más específico. Si Sandoval propone que la antropología peruana del período se definió por sus vínculos con la transformación social, el desarrollo y la gestión de poblaciones, entonces la experiencia amazónica de Varese no era contingente, sino analíticamente central. Su inclusión hubiese permitido  mostrar que la finalidad práctica de la antropología no se agotó en el estudio del indio andino, la comunidad campesina o el migrante urbano, sino que también se desplegó en el terreno de las comunidades nativas, las fronteras de colonización, las relaciones interétnicas y los dispositivos estatales de intervención en la selva.

Con todo, estos límites no invalidan el libro; más bien, ayudan a situar el alcance y las condiciones de su narrativa. Ficciones de la antropología peruana es, ante todo, una gran historia intelectual de los lenguajes mediante los cuales las ciencias sociales peruanas pensaron la Nación desde sus fracturas más persistentes. Y es también una reconstrucción muy poderosa del predominio que tuvieron los Andes —y luego la migración andina hacia la ciudad— en la imaginación antropológica del Perú del siglo XX. Justamente por eso resulta tan productivo leer el libro atendiendo tanto a lo que ilumina con enorme fuerza como a lo que deja en los márgenes. En este caso, la marginalidad relativa de la Amazonía y la relativa indeterminación de la categoría de ficción no son solo reservas puntuales, sino síntomas del modo mismo en que la obra organiza su objeto.

Otro acierto importante del libro es su capacidad para restituir el espesor latinoamericano del caso peruano. Sandoval no encierra su análisis en una historia puramente nacional, sino que muestra cómo la antropología peruana fue pensable únicamente dentro de una red más amplia de influencias, traducciones y circulaciones intelectuales: el indigenismo mexicano, la antropología cultural norteamericana, las discusiones sobre modernización y desarrollo, así como los debates regionales sobre aculturación, mestizaje y cambio social. Este encuadre comparativo evita el provincialismo y ayuda a entender que las categorías centrales de la disciplina en el Perú no emergieron en aislamiento, sino en diálogo asimétrico con agendas continentales e internacionales.

En términos de escritura, el libro combina densidad conceptual y claridad expositiva. No es un texto de lectura ligera, pero sí uno sostenido por una prosa segura y bien controlada. Sandoval maneja con solvencia un archivo amplio y organiza con inteligencia discusiones que, por momentos, podrían dispersarse en exceso. Quizás en algunos pasajes la voluntad de exhaustividad bibliográfica o de reconstrucción de contextos intelectuales ralentiza el avance del argumento pero, en general, el libro mantiene una destacable coherencia interna. Más que una historia lineal, ofrece una cartografía crítica de desplazamientos, persistencias y rearticulaciones.

En definitiva, Ficciones de la antropología peruana es una obra fundamental para quienes se interesan por la historia de las ciencias sociales en el Perú, por la genealogía de la antropología nacional y por la relación entre saber, cultura y poder en el siglo XX. Su principal virtud consiste en mostrar que las categorías con las que la antropología describió al país fueron también instrumentos para imaginarlo, administrarlo y transformarlo. Si bien dos de sus límites más visibles son el no haber incorporado con mayor fuerza un caso amazónico como el de Varese —que habría reforzado de manera ejemplar su tesis sobre la finalidad práctica de la disciplina— y el no haber dotado de mayor precisión analítica a la categoría de ficción que preside el libro desde su propio título, estas observaciones no reducen la importancia del trabajo. Más bien, abren una agenda crítica para futuras discusiones: la necesidad de escribir una historia de la antropología peruana que, sin abandonar la centralidad de los Andes, incorpore plenamente la Amazonía no como periferia temática, sino como uno de los escenarios decisivos de producción de conocimiento, intervención estatal y reflexión sobre la modernidad en el Perú contemporáneo. Estas observaciones apuntan también a la necesidad de pensar con mayor rigor qué significa, en antropología, llamar “ficción” a las operaciones intelectuales con las que una disciplina produce sus objetos y sus mundos.

Bibliografía

Pozo-Buleje, E. (2023). «La anti-antropología de Arguedas: elementos para una hipótesis de investigación«. En J. Noriega, G. Núñez, & M. Valdiviezo (Eds.), José María Arguedas. Saberes, hervores y despedidas (pp. 99–105). Pakarina/Universidad Nacional José María Arguedas.

Varese, S. et al. (1970). Estudio sondeo de seis comunidades aguarunas del Alto Marañón. División de Comunidades Nativas de la Selva, Ministerio de Agricultura.

Varese, S. (1972). “Relaciones interétnicas en la selva del Perú”. En Grünbeg, G. (cord.) La situación del indígena en América del Sur (pp. 157–180).


Imagen central: Equipo de investigación del proyecto Vicos Cornell-Perú. Tomada de A Virtual Tour through Time and Space: Lessons from Vicos, Peru. Universidad de Cornell, Instituto de Montaña, Asociación Urpichallay, Comunidad Campesina de Vicos. En línea.


Pablo, Sandoval López, Ficciones de la antropología peruana. De indios, campesinos y cholos. Lima: UNMSM, 2024.

26.04.2026


del mismo autor

Stefano Varese, o la “obstinada antropología de la indianidad”

Estamos ante a un libro ejemplar y extraordinario. Recorrer la biografía intelectual de Stefano Varese es transitar por varios caminos fundamentales de la segunda mitad del siglo XX, a saber: la llamada mode...

Multiplicación y alternancia: lógicas de acción política electoral en la Amazonía autóctona

Luego de las elecciones extraordinarias del Congreso tras su disolución y luego de la primera vuelta de las elecciones presidenciales recientes, parece haberse instalado una especie de atolladero cognitivo e...