El economista terrenal: las siete vidas de Óscar Ugarteche (1949-2026)

Stephan Gruber

I.

Le debo mi primer encuentro con Óscar Ugarteche a los neoliberales peruanos.1 Mientras empezaba mi tesis de doctorado sobre la historia de las ideas neoliberales en el Perú, Ugarteche publicó un artículo académico en el que prometía precisamente eso. Más allá del súbito terror del doctorando al descubrir que un reconocido intelectual merodeaba su tema de investigación, lo decisivo fue la confirmación de que una mirada histórica a las ideas tendría tracción en ayudar a responder aquella pregunta fundamental del Perú contemporáneo: ¿por qué el neoliberalismo logró enraizarse y hacerse resiliente en el Perú?, ¿por qué, tras la caída de la dictadura fujimorista, a pesar de todas las crisis políticas y desilusiones económicas, no se dio en el Perú algún intento serio de articular otro tipo de economía? ¿Es verdad que, económicamente, anda todo bien?

En los años siguientes coincidimos varias veces (física o virtualmente), junto a otro colega peruano, Cesar J. Castillo, quien también desarrollaba su investigación doctoral sobre las “olas del neoliberalismo” en el Perú. Se creó una muy productiva articulación de discusiones y hallazgos, que expusimos en congresos académicos y algunas publicaciones.2 Más allá de los matices y de las divergencias que Óscar y yo pudimos tener respecto de las influencias precisas de Ludwig Von Mises o Wilhelm Röpke en las ideas de los neoliberales peruanos, así como de la naturaleza del arco neoliberal peruano en el siglo veinte, la experiencia estuvo marcada tanto por la horizontalidad en el trato por parte de Óscar, como por su entusiasmo desbordante –hasta juvenil– por la importancia de lo investigado. A pesar de sus galones, Óscar era inmune a las peores patologías de la academia: las innecesarias jerarquías y el carrerismo que vacía de deseo el propósito de investigar.

Su entusiasmo se traducía también en cierta radicalidad con la que seguía los posibles argumentos surgidos de la investigación empírica. O, mejor dicho, en su interés por seguir una pista y plantear la consecuencia más radical a la que ésta pudiese llevar en nuestra comprensión del fenómeno –“no en vano lo llamabamos Ultrateche”, me refirió su amigo Hugo Cabieses. Por ejemplo, Óscar planteaba la posibilidad que haya sido el Perú –antes que el Chile de Pinochet, la Indonesia de Suharto, o la Alemania de Erhard– el ground zero de la aplicación de las ideas neoliberales, en los años del golpe de Odría y por la influencia de la oligarquía agrícola liderada por Pedro Beltrán. Obviamente, esta relectura depende de cómo se defina el neoliberalismo y de qué implicaría un “régimen” neoliberal más allá de la presencia de ciertas ideas. Óscar favorecía una definición que articulaba ideas de libre mercado (austríacas y ordoliberales, más que de Chicago) junto con iliberalismo político o autoritarismo represivo.3 Sin embargo, incluso dejando de lado la pregunta por la “denominación de origen”, un punto de convergencia fue la relevancia del caso peruano, tanto en las traducciones y en el bricolaje aplicados a los repertorios globales del neoliberalismo, como en las huellas peruanas en el neoliberalismo global sobre temas de desarrollo, iniciativa privada, religión o informalidad.4

Pero, sin duda, estas investigaciones sobre la “teoría y práctica” del neoliberalismo peruano eran sólo la punta del iceberg de la contribución de Óscar Ugarteche a la comprensión de la sociedad capitalista, comprensión orientada a transformarla y remediar las injusticias que la constituyen. Tuve la suerte de poder vislumbrar la amplitud de su contribución en una entrevista que le hice sobre un tema puntual, que se volvió un largo relato sobre su vida. Quiero exponer aquí algunos puntos de esta biografía intelectual, que es inevitablemente política, no sólo para rendir un homenaje a Óscar, sino para mostrar una forma distinta de entender lo económico y de practicar la economía, forma que se ha perdido en el mundo y sobre todo en el Perú, pero que es absolutamente necesaria para enfrentar los problemas contemporáneos.

II.

Óscar Ugarteche Galarza nació en Lima en 1949. Su familia era de clase acomodada, pero no gran propietaria, a pesar del abolengo de sus apellidos –especialmente «Ugarteche», que lo relacionaba cercanamente con el presidente Manuel Prado Ugarteche, cabeza del imperio económico Prado. Sus estudios fueron sobre todo en el extranjero. Tras un breve paso por Letras de la Universidad Católica, estudió administración de empresas en Fordham, Nueva York, y luego una maestría en la London Business School en Inglaterra. De regreso a Perú en 1975, entró al Instituto Nacional de Planificación (INP), donde elaboró informes sobre cuentas nacionales y comportamiento de la balanza de pagos. Ese primer trabajo marcó su derrotero posterior. Un informe suyo graficaba una trayectoria peligrosa de la deuda externa peruana y la necesidad de realizar ajustes para evitar una crisis de balanza de pagos. El joven Ugarteche participó (“yo era un pinche”) de los entretelones de los primeros ajustes económicos, así como de las polémicas primeras visitas del Fondo Monetario Internacional (FMI) al país. La gran crisis peruana, que podemos datar al periodo entre 1976 y principios de la década de 1990, estaba empezando, y anticipaba ya la crisis de toda Latinoamérica en los ochenta, así como una transformación del capitalismo global.

La deuda externa, su capacidad para desarrollar el capital, así como para encallar el desarrollo, fue el eje de la carrera económica de Ugarteche. Tras su paso por el Estado y por consultorías breves para la Organización Internacional del Trabajo y la Comisión Económica para América Latina, fue convocado en 1979 por Julio Cotler para dirigir el recién creado Grupo de Economía del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). La idea de Cotler era dotar al instituto, fundado por historiadores, antropólogos y sociólogos, de capacidades para entender la crisis macroeconómica que marcaba la realidad peruana, en especial el rol de la deuda y la inflación.5 No obstante, el paso de Ugarteche por el IEP estuvo interrumpido por las demandas del compromiso político, que lo llamaban a prestar servicios más cerca del frente.

La opción de Ugarteche por la izquierda era ya bastante clara a su retorno al Perú en 1975. Recordaba que “de chiquito impactaban las desigualdades”, y es probablemente en sus años fuera del país donde su posición se consolida. Aunque más que un militante –“me aburría”, “no cumplía” para llegar a ser militante–, fue un simpatizante comprometido, alineado sobre todo con Vanguardia Revolucionaria (VR) y el liderazgo de Javier Diez Canseco. Fue precisamente el llamado de Diez Canseco en octubre de 1979 lo que lo llevó a Managua –junto con el amigo y militante de VR Hugo Cabieses– a pocos meses del derrocamiento del dictador Somoza y el triunfo de la revolución. Ugarteche tuvo un rol destacado en renegociar los calendarios de pago de la deuda nicaragüense, pues negoció en Nueva York y en Washington tanto con acreedores privados como con agentes bilaterales. Junto a la negociación, también se denunció exitosamente deudas contraídas corruptamente por el régimen dictatorial, llevando a recortes importantes en el peso de la deuda.

Para Ugarteche, la lección de Nicaragua, que se replicó luego en otros países de la región como El Salvador, estuvo en ver de primera mano cómo la deuda y el crédito eran estructuras de poder antes que algo reducible a una teoría o técnica contable. La deuda reflejaba marcadas jerarquías globales, pero también existían oportunidades de resistencia y maniobra para su disputa. Las consecuencias académicas de estos temas se vieron publicadas en trabajos como “Teoría y práctica de la deuda externa en el Perú” (1980) y el más logrado El Estado deudor: Perú y Bolivia, 1968-1984 seis años después.6

Otra contribución central de Ugarteche en aquellos años fue a la revista de economía Actualidad Económica, auspiciada por el Centro de Asesoría Laboral (CEDAL), que congregaba a gran parte de los economistas de izquierda (cercanos a VR). La revista, fundada en 1978, buscó no solo articular una lectura de la crisis económica y sus salidas desde la perspectiva de los intereses de la clase trabajadora, sino ofrecer la publicación de datos que el propio gobierno (dictatorial en ese momento) no revelaba o falseaba. Ugarteche, así como muchos otros, colaboraron recreando las cuentas nacionales (de la misma manera como harían luego en Managua), los balances fiscales y financieros, y los datos sobre la inflación para mostrar la profundidad de la crisis, pero también la irracionalidad de los ajustes y la austeridad recomendada por el FMI. Ugarteche fue colaborador de la revista desde 1979 y brevemente director en 1984 junto a Alberto Graña.7 Actualidad Económica se transformó en una revista de gran tiraje, protagonizando la disputa por las ideas económicas en los años ochenta frente a revistas liberales como Perú Económico de Felipe Ortiz de Zevallos.

Ugarteche fue un caso destacado de una forma de ser economista de izquierda que marcó esa época: la idea del economista no como un tecnócrata, ni de la economía como una ciencia técnica neutra, sino como ciencia crítica, enmarcada en un orden social y, sobre todo, en la lucha de clases. El economista, entonces, no era activista además de ser economista, sino que su activismo revestía una forma especial debido a su ser economista. Implicaba –en el mejor de los casos– una pedagogía popular de la economía, pero también la necesidad de vincularse al proceso político y a la perspectiva de la clase trabajadora.8

III.

Ugarteche dio un paso más allá en la búsqueda de una mirada interdisciplinaria, paso marcado por su participación en el proyecto de Sur, Casa de Estudios del Socialismo y la revista Márgenes desde 1987, espacio liderado por el historiador Alberto Flores Galindo y que congregaba profesionales de las ciencias sociales y humanas. Márgenes fue una revista decisiva en la cultura del socialismo peruano durante los devastadores años ochenta, llevada por el empuje de Flores Galindo por imaginar un socialismo creativo pero radical en su demanda de ir más allá del capitalismo dependiente existente en Perú. Tras el fallecimiento de Flores Galindo en 1990, la caída del muro de Berlín y la consolidación de la dictadura fujimorista, Márgenes devino un espacio de búsqueda de nuevos sentidos, con un énfasis mayor en la subjetividad y la cultura como vías de acceso a la complejidad de lo social.  Influido por sociólogos como Gonzalo Portocarrero y Nelson Manrique, pero también por psicoanalistas o escritores como César Rodríguez Rabanal y Oswaldo Reynoso, Ugarteche se abocó en los noventa a la pregunta por la transformación de la sociedad peruana, así como a entender el cambio epocal que, durante la modernidad temprana,  acarrearon la globalización y el cambio tecnológico.

La respuesta tuvo la forma de una multitud de textos, entre los que destacan el ensayo académico El falso dilema (1997), centrado en la cuestión económica global, traducido al inglés por Zed Books en el año 2000, y el ensayo La arqueología de la modernidad (1998), donde Ugarteche, liberado del corset académico, articula perspectivas filosóficas y sociológicas con una lectura económica tanto global como local sobre la transformación de los noventa. Su novela Babilonia la grande, publicada por Alfaguara en 1999,  pone en escena el desplome del orden social peruano de la segunda mitad del siglo veinte, siguiendo los avatares de sus clases altas, cuyos miembros se enfrentan a la dificultad de su reproducción tanto por los riesgos económicos y políticos como por la rebelión de sus descendientes.

El diagnóstico social de Ugarteche está gobernado por una tensión. Por un lado, la pervivencia de la dominación como signo central en la historia del Perú, una desigualdad transversal, económica, racial y sexual, que se ha generalizado en todos los niveles sociales, en donde cada uno “picotea” al que está más abajo; por otro lado, sin embargo, la caída de “Babilonia la grande”, el orden oligárquico que existió hasta los setenta es real y ha creado espacios de recombinación social y emergencia popular, con un destino incierto. Mientras la novela se abre y cierra con la nueva generación escuchando con sorpresa el confuso eco de los clasismos, racismos y tristezas de sus antecesores, el ensayo logra atar la confusión de los noventa a un proceso que se barruntaba a finales del milenio con la crisis financiera asiática (que afectó al Perú de Fujimori y precipitó su caída): no el triunfo sin ambages del capitalismo, sino más bien la cristalización de la crisis sistémica de su modo de acumulación.

La amplitud del trabajo de Ugarteche en los noventa es impresionante y probablemente único en el país para un economista, pero es más impresionante aún si se recuerda que, a la vez de todos estos proyectos, Ugarteche jugó un rol central en la lucha por la libertad y la igualdad sexual y el reconocimiento de la comunidad homosexual en el Perú, tanto personal e institucional como intelectualmente. Fundó, en 1982, el Movimiento Homosexual de Lima. Durante los noventa, escribió varios ensayos sobre la cultura gay en el Perú, compendiados en India bonita (1997). En efecto, en el plazo de un año y poco más, Óscar Ugarteche, el especialista y consultor en temas de deuda externa, publicó aquella colección de ensayos, un libro académico sobre globalización, un ensayo largo sobre la sociedad peruana y una novela en una editorial de renombre.

IV.

Como recordó Humberto Campodónico, Ugarteche veía el problema de la deuda externa no sólo como un problema de cuánto se debía (y cuánto se podía pagar), sino de las reglas del sistema financiero y las jerarquías que lo estructuraban. La idea moral de países deudores irresponsables y países acreedores generosos ocultaba una realidad de deudas eternas que se multiplicaban más allá del monto principal prestado, generando tasas de interés de castigo y revirtiendo los flujos de capital hacia un perpetuo financiamiento del norte por el sur global. Motivado por las lecturas de los años noventa, sobre todo por el método genealógico de Michel Foucault (inspirado en Nietzsche), de una lectura crítica de las historias dominantes, Ugarteche se embarcó en 1998 en la consecución de un doctorado en Filosofía e Historia en Bergen, Noruega. El tema sería, precisamente, la genealogía de la arquitectura financiera internacional, el sistema de instituciones e instrumentos en la medición, negociación y renegociación de deudas soberanas desde 1850 hasta la actualidad. Era una historia que, curiosamente, comenzaba con las soluciones que los banqueros de Londres buscaban a los bonos peruanos con dificultades de pago en la era del guano, atravesando más de un siglo marcado por las moratorias de las décadas de 1920 y 1930, las deudas y reparaciones de guerra alemanas, el surgimiento del FMI como institución clave, la crisis de la deuda latinoamericana y, finalmente, lo que Ugarteche llamó “la crisis sistémica” de economías occidentales que llama a una reforma de la arquitectura financiera. Así como Nietzsche en su genealogía de la moral (cristiana) buscaba mostrar cómo principios aparentemente caritativos y universales encerraban una voluntad de poder, la intuición tras el proyecto de Ugarteche era mostrar cómo, tras la multitud de instituciones, reglas y mediciones sobre la deuda, se escondía una voluntad de poder que ha creado regímenes macrofinancieros desiguales.

El trabajo, cuyo estudio histórico central se concentró a finales de los noventa y se sustentó como doctorado el 2007, se extendió hasta el 2015, incorporando por lo tanto los acontecimientos decisivos de la crisis del periodo 2008-2009 y el reacomodo de las finanzas globales que le sobrevino. Para esas fechas, Ugarteche ya había dejado el Perú, en parte frustrado por las pocas puertas que se le abrían laboralmente, en parte por la sensación de una patente discriminación por su opción sexual. Hacia el 2005, recaló en México, donde eventualmente consiguió una plaza de profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde el Instituto de Investigaciones Económicas se volvió su casa académica por el resto de su vida.

México fue un espacio decisivo por varios motivos. Principalmente, porque fue el lugar donde al fin pudo dedicarse a “leer y vivir con Fidel (Reyes Aroche)”, con quien se casó en el 2010 tras décadas de encontrarse en diversos lugares del mundo. Pero la UNAM fue también la plataforma perfecta para Ugarteche, articulando tanto una mirada crítica e interdisciplinaria de la economía cuanto una visión latinoamericanista, que él había ya forjado en los frentes centroamericanos en los difíciles años ochenta, una visión escasa y en franco retroceso en el Perú. Con apoyo de la UNAM, Ugarteche publicó en 2010 su libro más citado, el breve pero contundente Historia crítica del FMI, y luego el que podría considerarse su magnus opus: Arquitectura financiera internacional: una genealogía (1850-2015) bajo el sello AKAL (2018).

El diagnóstico que Ugarteche planteaba en Arquitectura financiera internacional era el de un interregno en las hegemonías monetarias y financieras del mundo. El régimen de acumulación que sostuvo la hegemonía del dólar y las demás monedas de reserva (el yen japonés, el euro y la libra esterlina) llevó a un proceso de debilitamiento desde los años ochenta, a la vez que países del sur global, liderados por China, aumentaron su participación en la economía. Sin embargo, las reglas internacionales siguen reproduciendo el antiguo status quo, reflejado en las cuotas e influencia en el FMI, configurado al final de la Segunda Guerra Mundial. Ugarteche además señalaba que eran ahora los países del sur global, con sus grandes acumulaciones de reservas internacionales, los que terminaban financiando al norte, especialmente los Estados Unidos, con sus enormes déficits comerciales y financieros. Esta realidad era función de la jerarquía monetaria que encumbraba al dólar y más bien limitaba el uso internacional de monedas periféricas. La expectativa de un rebalance era pronunciada y animaba las iniciativas de imaginar arquitecturas alternativas y fondos monetarios regionales.

Como no podía ser de otra manera, la propuesta de Ugarteche no era sólo académica, sino también política. Algunas de sus ideas fueron puestas en marcha en el marco de los procesos de integración en América Latina durante el apogeo de la “ola rosada” de gobiernos progresistas. Ugarteche tuvo un rol protagónico en avanzar ideas para una “unidad de cuenta” regional –una suerte de moneda virtual para Latinoamérica, un fondo monetario de estabilización regional, así como el llamado “Banco del Sur”. La idea era contrarrestar un sistema de reglas financieras que dejaban a Latinoamérica en un lugar subordinado, con sus países forzados a usar dólares para intercambios mutuos y a acumular reservas en dólares (o sea, en títulos de deuda norteamericana) o mantener tasas de interés excesivamente altas para protegerse de devastadoras salidas de capitales, limitando las opciones de inversión para un desarrollo sostenible. Como recuerda su colaboradora Isabel Ortiz, ex directora en la OIT y UNICEF, “América Latina prestaba sus reservas al Norte por casi nada y luego se endeudaba con el Norte a tasas altísimas; el Banco del Sur rompía ese círculo y ponía el ahorro de la región a trabajar en la región.”

Tras llegar a ser anunciado en reuniones de la UNASUR en el 2007, y tras ser suscrito en el 2009, el proyecto de un Banco del Sur –por el cual Ugarteche trabajó laboriosamente– encalló lentamente en medio de la inoperancia, las diferencias políticas entre los países y las dificultades reales en articular países que, con el retorno de las volatilidades globales, diferían con respecto a las tasas de inflación y la estabilidad del tipo de cambio. Ugarteche reflexionó sobre el auge y la caída de la idea de un Banco del Sur en uno de sus últimos libros, Elementos para la cooperación financiera regional (2021), donde señaló varios culpables políticos: la hegemonía brasileña que (como Estados Unidos en Bretton Woods) quiso tener el control, o la identificación de la propuesta con el “cuco” del chavismo que espantó a la conservadora “Alianza del Pacífico” de Perú, Colombia y Chile (o facilitó sus excusas), cuyos gobiernos miembros prefirieron un alineamiento con las finanzas internacionales y el dólar.

Así como el Banco del Sur encontraba límites políticos, la idea de un declive de la hegemonía del dólar no se materializó tras la crisis del 2008; más bien, el dólar reforzó su posición como moneda de reserva y la Reserva Federal norteamericana asumió el rol de prestamista de última instancia de la economía global, creando facilidades de financiamiento no sólo para sus socios más cercanos, sino también para economías nacionales como las de México o Brasil, poseedoras de importantes reservas internacionales en dólares.9 Esta situación se producía a la vez que se mantenían y  acrecentaban los déficits estadounidenses y las economías en desarrollo redoblaban su apuesta por acumular reservas en dólares para protegerse de las volatilidades desatadas en la economía global.

En los últimos años, sin embargo, y sobre todo tras la reelección de Donald Trump en EE. UU., la rueda de la historia parece moverse en la dirección que Ugarteche sugería. La idea de un interregno hegemónico y de un declive del imperio del dólar americano son diagnósticos ahora repetidos también en el mainstream del debate geopolítico y financiero. Un disparador ha sido el uso agresivo, por parte de EE. UU., de su infraestructura financiera contra países considerados hostiles o rivales (China, Rusia o Irán, por ejemplo), pero también la voluntad de Trump de usar el peso de la economía norteamericana como una herramienta de coerción geopolítica incluso contra sus propios socios. No es sorpresa que ya sea visible en los números un retroceso del dólar como moneda hegemónica: una fuerte reducción en el uso del dólar en pagos y comercio, especialmente en commodities, la reducción en las reservas internacionales en dólares y su diversificación en otras monedas, pero sobre todo hacia el oro, el fortalecimiento de iniciativas de sistemas de pagos regionales, monedas digitales y el creciente protagonismo de las líneas de crédito en renminbi chinos.10

Actualmente, Latinoamérica no parece tener iniciativa alguna en estas reconfiguraciones, sino que se confirma y afianza su alineamiento político y financiero con Washington y el gobierno de Trump. Una excepción, que depende del resultado electoral de noviembre, es Brasil, pues ha reforzado su articulación en el bloque con China, Sudáfrica, India y Rusia (los BRICS) que, con la llegada del segundo gobierno de Trump, ha reactivado iniciativas de desdolarización del comercio y las finanzas globales. En este escenario, propuestas pretéritas como el Banco del Sur, o la existencia operativa del sistema de pagos de medianas y pequeñas empresas en el MERCOSUR, muestran las alternativas latinoamericanas que pueden ser reactivadas o expandidas en un terreno más fértil, si soplan los vientos políticos correctos.11

En sus últimos trabajos, además de investigar la historia de los neoliberales peruanos, Ugarteche seguía estos acontecimientos geopolíticos, también desde el punto de vista de las transformaciones en la matriz energética (de los combustibles fósiles a la electricidad basada en renovables) y el factor ambiental.

V.

Como muchos de sus contemporáneos han referido en los homenajes realizados en estos días, más que un economista, Ugarteche era un “humanista”. Con un vasto saber cultural, literario y musical, era capaz de pasar de los números en las balanzas de pagos al comentario sobre una cuento de Borges o de un bolero de Agustín Lara, o hacer lo complejo y enrevesado, simple y entretenido. Sin embargo, el mejor parangón que encuentro para graficar su trayectoria es, en efecto, compararlo con un economista, uno de los más famosos e importantes de la historia: John Maynard Keynes. Como sus biógrafos han destacado, Keynes gozó de muchas vidas, el economista, el financista, el matemático, el filósofo, el promotor del teatro y el ballet, el ensayista y político. No sólo eso; Keynes consideraba que el buen economista debía

ser (en cierto grado) matemático, historiador, estadista y filósofo. Debe comprender los símbolos y hablar con palabras simples. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo del pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vista al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre y de sus instituciones debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario; tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político.12

La centralidad de las finanzas internacionales en sus carreras abona la comparación, así como el objetivo de crear arquitecturas financieras internacionales justas y sostenibles. Sin embargo, mientras el don de Cambridge consideraba que, de fallar las reformas y la lucha de clases desatarse, su lugar estaría del lado de la burguesía educada, la consecuencia y coherencia política de Óscar Ugarteche más bien nos permite imaginarlo más cerca de la barricada de las clases excluidas y despreciadas.13


Imagen central: Óscar Ugarteche. Fotografía de Alicia Benavides y Susana Pastor B. Sin fecha. Serie: Fotografías de Oscar Ugarteche, economista, escritor, profesor e investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Colección: DESCO-Centro de Estudios y Promoción del Dessarrollo. LUM – Centro de Documentación e Investigación.

Notas

  1. La entrevista con Óscar Ugarteche en la que se basa parte de este texto fue realizada en octubre del año 2022. Agradezco a Hugo Cabieses, cuya entrevista me ayudó a cerrar algunos vacíos. El trabajo también se ha beneficiado de la multitud de homenajes y tributos aparecidos tras el fallecimiento de Ugarteche, que me han permitido conocer más de sus facetas. Este texto no busca, ni puede ser, un recuento exhaustivo de su amplia obra intelectual, política e institucional, pero apunta precisamente a señalar esta amplitud, así como a ahondar en la actualidad de sus preocupaciones.
  2. Por ejemplo, la mesa sobre la economía austríaca en Latinoamérica que presentamos en LASA Bogotá en 2024.
  3. Juan Odisio, María Eugenia Romero Sotelo y Óscar Ugarteche (eds.), Las raíces del neoliberalismo en América: iliberalismo político y liberalismo económico, 1930-1990 (Fondo de Cultura Económica y UNAM, Ciudad de México, 2026).
  4. Cesar Castillo-García, “Waves of Neoliberalism: Revisiting the Authoritarian Patterns of Capitalism in South America (1940-1990), Part I”, Working Paper, 2022; Stephan Gruber, “Estudio introductorio: macroeconomía, desarrollo y comercio”, en Obras Selectas de Rómulo A. Ferrero: macroeconomía, desarrollo y progreso, 1, vol. 1 (Lima: Universidad del Pacifico, 2024); Stephan Gruber, “Peru’s Other Path: Revisiting Neoliberal Populism (1978-2000)”, Global Perspectives 7, no. 1 (2026).
  5. El grupo de economía del IEP también tuvo a Jose María Caballero, encargado de estudiar las consecuencias de la reforma agraria, así como a Teobaldo Pinzás, César Herrera y Efraín Gonzales de Olarte.
  6. También elaboró un manuscrito con respecto al devenir de la economía peruana entre el sesenta y el setenta, en donde argumentaba que el gobierno de Belaunde sufrió de una aplicación encubierta de la enmienda Hickenlooper (el bloqueo del crédito ante una violación a la propiedad norteamericana) que se manifestó en la limitación del crédito norteamericano al país basada en las sospechas sobre una expropiación a la IPC. La ironía está, claramente, en que el acoso internacional al gobierno de Belaunde ayudó a generar las condiciones para el golpe de Velasco, el cual llevó a cabo la expropiación. Ugarteche señaló que Julio Cotler bloqueó la publicación de este manuscrito. Cerca de cuatro décadas después, el libro fue publicado junto con los documentos desclasificados del gobierno norteamericano que, de alguna forma, confirmaban la hipótesis central, dado que el gobierno estadounidense efectivamente se movilizó contra el Perú. Véase, Modernización reformista y deuda externa en el Perú, 1963-1976.
  7. Sobre Actualidad Económica, véase mi texto con Alejandro Santistevan, “Economistas populares: activismo económico radical en un Perú en crisis (1976-1982)”, en Intelectuales, política y producción cultural en el Perú de los 70 (Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2024).
  8. Ibid.
  9. S. Murau, F. Pape y T. Pforr, “International Monetary Hierarchy Through Emergency US-Dollar Liquidity: A Key Currency Approach”, Competition & Change, 27, ns. 3-4 (2022).
  10. T. F. Pforr y J. Petry, “Dollar Diminished: The Unmaking of US Financial Hegemony Under Trump”, International Organization (2025), 79, 1, 117-133
  11. Sobre el sistema de pagos del MERCOSUR ver B Fritz, A. Kaltenbrunner, L. Mühlich,  y B. Orsi, “South-South Monetary Regionalism: A Case of Productive Incoherence?” New Political Economy, 28 (5), 818–831.
  12. John M. Keynes, “Alfred Marshall, 1842-1924”, The Economic Journal 34 (135): 311-372.
  13. John M. Keynes, Essays in Persuasion (Londres: Macmillan and Co., 1932).

16.08.2026


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