En 1971, el Instituto Francés de Estudios Andinos publicaba en Francia la tesis de doctorado de Pierre Duviols, sustentada ese mismo año y titulada La lutte contre les religions autochtones dans le Pérou colonial: “L’extirpation de l’idolâtrie” entre 1532 et 1660. En ella, el autor reconstruía la historia de los esfuerzos de la Iglesia por erradicar las religiones autóctonas en el virreinato del Perú, examinando la interacción de los poderes civil y eclesiástico en la actividad represiva, las tensiones ideológicas y políticas entre las instituciones y los personajes involucrados, la implementación de una doble estrategia de represión y persuasión, así como la dimensión económica y predadora que tuvo esa empresa; finalmente esbozaba un balance del impacto de esa acción sobre las prácticas religiosas de la población nativa. Una de las ideas más desafiantes de La lutte es el paralelo que el autor establece entre la «extirpación de la idolatría» –como esa operación llegó a ser designada en la época– y la Inquisición, que rara vez incluyó a la población indígena entre sus blancos. A principios del siglo XVII, la Extirpación, como la denomina Duviols, se estructuró sobre el modelo de la Inquisición, con sus «visitadores de idolatrías» que constituían una corte eclesiástica autónoma y llevaban a cabo juicios según procedimientos inquisitoriales. La institución revelada y descrita por Duviols no tuvo equivalente en las otras colonias de España.
Este libro fue el producto de un largo acercamiento al tema, que Duviols inició unos quince años antes. Nacido en 1928 en París, era hijo de Marcel Duviols, profesor de español en la enseñanza secundaria y autor de una gramática de esta lengua y de una edición del Lazarillo de Tormes. Después de la Segunda Guerra Mundial, empezó estudios de filología hispánica en la Sorbona, siguiendo las recomendaciones de su padre que quería para él una carrera similar a la suya. Nacido en 1880, Marcel era hijo de un panadero y en las décadas de 1890 y 1900 había logrado, gracias a las becas creadas en 1879 por el ministro de educación Jules Ferry, cursar la educación secundaria y acceder al estatus de profesor de «liceo», entonces altamente valorado.
A fines de 1950, cuando Pierre Duviols asistía a una clase de Gaspard Delpy, éste anunció que un puesto de lector de francés estaba vacante en la Universidad de San Marcos y que si uno de los estudiantes estaba interesado se acercara después a conversar con él. Duviols nos contó que nunca había corrido tan rápidamente como cuando terminó la clase. El Perú ya había despertado su interés, pues había leído La venganza del cóndor, de Ventura García Calderón, que lo había impresionado, y pocas semanas antes había conocido al autor, entonces delegado permanente del Perú en la UNESCO. Por otra parte, y tal vez sobre todo, la vida en la Francia de la posguerra era difícil y tediosa, y el joven Duviols soñaba con salir a otro país.
Los dos años que pasó en Lima representaron, según sus propias palabras, «el descubrimiento de una cultura extraordinaria» (Duviols 2016: 11). Formó amistades duraderas, en particular con José María Arguedas, quien desempeñaría un rol esencial en el desarrollo de su interés por la cultura andina. Durante esa primera estadía peruana, Duviols concibió el proyecto de un futuro doctorado, aunque no sobre los temas a los que finalmente dedicaría su vida, sino sobre la imagen del indígena en la literatura peruana de los siglos XIX y XX.
En marzo de 1953, tuvo que regresar a Francia para cumplir en Alemania su servicio militar, que entonces duraba dos años. Esperaba volver al Perú para continuar sus investigaciones sobre la literatura indigenista. La necesidad de asegurarse primero el grado de profesor de enseñanza secundaria lo obligó a postergar ese proyecto. Entre 1955 y 1956, mientras trabajaba como profesor de primaria en París y se preparaba para el concurso de docencia, asistía a los cursos de Marcel Bataillon en el Institut Hispanique y el Collège de France. En una de sus clases, Bataillon hizo una dura crítica del libro del historiador español Fernando Armas Medina, Cristianización del Perú (Sevilla, 1953). En el horizonte intelectual de Duviols, apareció entonces un tema de investigación dotado de una especial trascendencia histórico-cultural y que hasta entonces había sido tratado de manera muy parcial y partidaria, pues Armas Medina era un campeón de la misión civilizadora de España en América.
Tras aprobar el concurso para ser profesor de español, Duviols obtuvo un puesto en el colegio francés de Saigón donde pasó el año lectivo 1956-57 (Vietnam se había independizado dos años antes). A su regreso a Francia, consiguió un puesto en un colegio de Estrasburgo y, en 1959, empezó a enseñar en la universidad de la misma ciudad como profesor asistente. En 1960, optó por trasladarse a la Universidad de Provenza, en Aix-en-Provence, también para ocupar un puesto de asistente. Desarrollaría allí toda su carrera posterior.
Se inició entonces el primer período de producción científica de Duviols, quien se dedicó primero a aplicar los métodos de crítica de fuentes que había aprendido de Bataillon. Entre 1962 y 1964, publicó cinco artículos sobre temas diversos: las relaciones del sitio del Cuzco en 1536, las fuentes del cronista Martín de Murúa, la remodelación ideológica que sufrió la tercera edición de la Historia de Agustín de Zárate y el sistema religioso de los Comentarios reales de Garcilaso.
Sólo en 1965 logró regresar a Perú, nuevamente por dos años, gracias a una beca del Instituto Francés de Estudios Andinos. Esta estadía le permitió realizar el extenso trabajo de archivo que requería su tesis de doctorado sobre la acción «anti-idolátrica» de la Iglesia en el Perú. Al mismo tiempo, estrechaba sus relaciones con el medio universitario e intelectual de este país. Durante los años 1966 y 1967, dictó un curso titulado «Magia y religión» en la Universidad de San Marcos y otro en el Instituto Raúl Porras Barrenechea, dedicado a los Comentarios reales. Fruto de su amistad con José María Arguedas fue la colaboración de ambos en la primera edición peruana del mayor monumento de la literatura quechua antigua, que titularon Dioses y hombres de Huarochirí. Arguedas se encargó de la traducción y Duviols de un estudio sobre Francisco de Ávila, el sacerdote que confió la elaboración del texto a uno de sus auxiliares indígenas. Cuando salió el libro, en 1966, el entonces presidente Fernando Belaúnde invitó a Arguedas y a Duviols a Palacio de Gobierno para felicitarlos. Dos años después, Belaúnde decidió otorgarle a Duviols una condecoración por los servicios que había prestado a la cultura peruana con la edición de Dioses y hombres. La condecoración le fue entregada en la embajada del Perú en París el 28 de julio de ese año.
Durante su segunda estadía peruana, Duviols descubrió en el archivo arzobispal de Lima los procesos por idolatría que la Iglesia entabló contra numerosos pobladores de la sierra central durante los dos primeros tercios del siglo XVII y quedó impresionado por la excepcional riqueza etnográfica que contenían estos documentos. Su amistad con Georges Dumézil, el gran filólogo y estudioso de las mitologías indoeuropeas, a quien conoció en Cuzco en 1952 y cuyas clases siguió en la École Pratique des Hautes Études en la década de 1960, desempeñó un papel determinante en la apertura de un nuevo frente de investigación, esta vez dedicado a la religión andina antigua. En una carta de recomendación escrita en enero de 1972 –que Duviols nos entregó junto con otros documentos de este tipo –Dumézil mencionaba la intención que tenía Duviols de emprender el estudio de «la otra cara del fenómeno [estudiado en su tesis] y de sus resultados: por una parte la reacción de los indígenas a los diversos momentos de la operación ejercida sobre ellos; por otra, la observación de lo que resistió y sobrevivió, y que podemos conocer a través de dos tipos de fuentes: en el pasado, los testimonios, tendenciosos pero valiosos, dejados por aquellos mismos que realizaban esa operación; en el presente, el registro de las costumbres, creencias e instituciones de las sociedades indígenas subsistentes» (nuestra traducción). En esta frase de Dumézil, hallamos formulado lo que debió ser el programa de investigación postdoctoral de Duviols, probablemente en ciernes desde 1965 o 1966. Duviols mismo nos contó que tuvo en algún momento el proyecto de hacer una historia de la «contraevangelización» – la expresión es suya – en los siglos XVI y XVII, en particular de la actividad de los «dogmatizadores», aquellos indígenas que desarrollaron una predicación anticristiana y fueron los adversarios constantes de los «extirpadores».
Volver a los archivos para estudiar la antigua religión andina fue lo que motivó su tercera estadía en el Perú, de 1972 a 1974, nuevamente como becario del IFEA. Los primeros frutos de esta investigación fueron cinco artículos fundacionales para el tema: «Huari y llacuaz. Agricultores y pastores: un dualismo prehispánico de oposición y complementariedad» (1973), «La capacocha: mecanismo y función del sacrificio humano, su proyección geométrica, su papel en la política integracionista y en la economía redistributiva del Tahuantinsuyo» (1976), «Camaquen, upani: un concept animiste des anciens Péruviens» (1978), con un apéndice de Dumézil, «Un symbolisme andin du double: la lithomorphose de l’ancêtre» (1978) y «Un symbolisme de l’occupation, de l’aménagement et de l’exploitation de l’espace. Le monolithe ‘huanca’ et sa fonction dans les Andes préhispaniques» (1979). En 1986, publicó una selección de procesos de idolatría que se habían llevado a cabo en la provincia de Cajatambo. Los eligió por su interés etnográfico y los acompañó de un estudio preliminar en el que volvió tanto sobre el tema de la Extirpación como sobre los antiguos principios organizadores de la vida socio-económica y religiosa andina. Estas fuentes de extraordinario interés fueron reeditadas en 2003 con una nueva transcripción realizada por Laura Gutiérrez Arbulú y un nuevo estudio, más extenso, del propio Duviols.
Éste consideraba como una tarea esencial la ampliación de la base de nuestro conocimiento de las sociedades andinas prehispánicas mediante la búsqueda y recuperación de nuevas fuentes. Aparte de los procesos mencionados, también editó y analizó en 1974 dos textos hasta entonces desconocidos y de enorme interés: la crónica de Cristóbal de Albornoz (ca. 1581) y la «relación de Chinchaycocha» (1603).
En la historia de nuestra comprensión de las antiguas sociedades andinas «Huari y llacuaz» marca un hito especial, cuyo alcance quizás no fue plenamente captado en los años que siguieron a su publicación debido al surgimiento inmediatamente anterior de otra teoría sobre las organizaciones socioeconómicas andinas. Entre 1967 y 1972, en efecto, el antropólogo John Murra elaboró, a través de sucesivas publicaciones, el llamado «modelo de los archipiélagos verticales», según el cual la geografía montañosa de los Andes Centrales habría permitido que las sociedades prehispánicas prescindieran de comerciantes especializados para conseguir los bienes que no producían, asegurándose un acceso directo y autosuficiente a distintas zonas ecológicas a través de enclaves que formaban territorios discontinuos. La teoría de Murra se convirtió enseguida en una doxa que perduró por varias décadas pese a las críticas contundentes que fue suscitando a partir de 1980 de parte de varios arqueólogos e historiadores, entre ellos, David Browman, Catherine Julien, Carlos Sempat Assadourian, Charles Stanish y Mary Van Buren.
Hoy el modelo de Murra puede considerarse refutado. Nos queda como alternativa lo descrito por Duviols en «Huari y llacuaz»: una simbiosis económica entre comunidades especializadas en la explotación de una de las dos grandes ecologías de la sierra: la quebrada y la puna. Otro iluminador artículo de Duviols, que data de la misma época, «Sumaq T’ika ou la dialectique de la dépendance» (1974-76), es el análisis de un tema narrativo andino en el que se manifiesta la misma lógica de oposición y complementariedad entre comunidades de valle y altura, esta vez no sólo en la sierra central sino también en la región de Cuzco.
La organización sociopolítica inca es uno de los dos grandes temas que ocuparían a Duviols en el período siguiente, que se abre a fines de la década de 1970. Retomando el análisis de las crónicas, esta vez con una perspectiva estructuralista, sacaría a la luz algunas constantes existentes en los relatos históricos incas que lo llevarían a cuestionar la estricta historicidad de éstos, en particular en lo referido a la sucesión dinástica y a la guerra contra los chancas. Fruto de este cuestionamiento son cinco artículos: «La dinastía de los Incas, monarquía o diarquía? Argumentos heurísticos a favor de una tesis estructuralista» (1979), «La guerra entre el Cuzco y los chancas: ¿historia o mito?» (1979), «Algunas reflexiones acerca de la tesis de la estructura dual del poder incaico» (1980), «Rituel et commémoration. L’opposition Inca/Alcaviza, prélude à la guerre contre les Chanca» (1987) y «El Inca, rey solar responsable y garante de la fertilidad y de la armonía cósmica, social y política: el ejemplo de las guerras rituales de sucesión» (1997).
Durante esta etapa, Duviols vuelve también a su primer tema de investigación: las crónicas y la crítica de fuentes. En 1977, por recomendación de Dumézil y Claude Lévi-Strauss, sucede a Pierre Clastres como director de estudios en la 5.ª sección («ciencias religiosas») de la École Pratique des Hautes Études, en la Universidad de la Sorbona, con una cátedra titulada «Religiones y sociedades de América del Sur», al mismo tiempo que sigue enseñando en la Universidad de Provenza. Las conferencias que dicta allí están dedicadas a la historiografía de los siglos XVI y XVII en los Andes, en especial a los autores indígenas Huaman Poma, Titu Cusi Yupanqui y Pachacuti Yamqui, así como a Garcilaso de la Vega. De esta etapa, que duraría hasta su jubilación en 1991, procede un conjunto de artículos fundamentales para la comprensión de estos cronistas. La principal perspectiva de Duviols es la evaluación de su fiabilidad histórica: ¿qué es lo que puede reconstruirse de la cultura y la sociedad prehispánicas a partir de estos textos? Los seis artículos que dedicó a los Comentarios reales de Garcilaso y en los cuales reveló el sistema histórico-teológico que subyace a esta monumental obra constituyen a nuestro parecer los estudios más indispensables sobre el historiador mestizo. A esta etapa, que prolonga sus trabajos iniciales del periodo entre 1962 y 1964, pertenecen también su estudio de 1979 sobre «el discurso de los quipucamayos sobre la descendencia y gobierno de los incas» (1542) y el que acompaña la edición francesa de la crónica de Francisco de Jerez (1534), publicada en 1982.
En la época en que Duviols trabajó, la investigación histórica sobre los Andes solía reivindicarse como una «etnohistoria». Esta disciplina se había constituido recurriendo a las herramientas conceptuales de la antropología para integrar la información histórica en una estructura que permitiera entender las sociedades nativas en términos sistémicos. Duviols nunca abrazó esa bandera, aunque reconocía la validez de ese método y en cierta forma lo practicó. Dentro de una disciplina esencialmente practicada por antropólogos, el trabajo de Duviols resultaba singular por la atención especial que dedicaba a la crítica de las fuentes. Él estaba consciente, tal vez más que otros, de que el trabajo filológico –el que busca evaluar la validez de cada fuente, tratando de fecharla, revelando sus intenciones mediante el análisis interno, identificando inflexiones inducidas por las modas intelectuales del momento y comparándola con otros documentos para detectar influencias o plagios– debía anteceder cualquier análisis etnohistórico. La solidez de los resultados que alcanzó en esta última tarea se debe, creemos, a esa base metodológica.
Su mirada crítica sobre las crónicas nunca le llevó a pensar que fuera imposible extraer de ellas conocimientos sobre el pasado prehispánico. Al contrario, como hemos señalado, este conocimiento fue el horizonte de su obra. Como lo expresa a propósito de la divinidad Viracocha, en su estudio preliminar a nuestra edición de la Relación de Pachacuti Yamqui (1993), consideraba que la investigación sobre las tradiciones religiosas e histórico-míticas andinas debía tener dos dimensiones. La primera consiste en identificar los sesgos culturales, ideológicos, políticos, etc. con los cuales cada cronista trata la información indígena (e incluso, a veces, la manera cómo los mismos informantes indígenas sesgan la información que transmiten a los cronistas). Luego de esta etapa, que incluye la corroboración de los datos, se debe pasar a la segunda dimensión, «positiva», la que consiste en recoger la información resultante y en sistematizarla. En este segundo momento, es posible acudir a las herramientas analíticas del estructuralismo, como lo hizo Duviols en el caso de la lista dinástica inca. El resultado, por cierto, siempre permanecerá sujeto a una mejor lectura de las fuentes y a los avances de la arqueología. En el caso de la sucesión real, el mismo Duviols revisó, en una adenda hecha a nuestra reedición de este artículo, junto con otros suyos, en 2016, la argumentación que había desarrollado en su artículo de 1979 y concluyó que su tesis sobre la diarquía inca era errónea.
Los cuatro artículos que dedicó a las representaciones populares de la «muerte de Atahualpa» se insertan dentro de esta perspectiva crítica, aunque corresponden a una etapa posterior de su trayectoria, prácticamente la última: «La representación bilingüe de “la muerte de Atahualpa” en Manás (Cajatambo) y sus fuentes literarias» (1999), «Las representaciones andinas de “La muerte de Atahualpa”. Sus orígenes culturales y sus fuentes” (2000), «La estela de Jesús Lara, La “danza de la Conquista”» (2024), «Una Muerte de Atahualpa ancashina: modelos dramáticos y fuentes literarias» (2024). Desde la edición de la llamada «Tragedia del fin de Atawallpa» por Jesús Lara, en 1957, hasta La vision des vaincus de Nathan Wachtel, publicado en 1971, se solía atribuir el origen de dichas representaciones y de los diálogos y cantos pronunciados en ellas a una creación indígena que se remontaba a la época misma de la conquista. De ser así, tendríamos en estos textos, que han llegado hasta nosotros en forma de cuadernos escritos en el siglo XX, testimonios de una antigua tradición literaria autóctona reflejo de la «visión de los vencidos». Duviols disipó esta ilusión demostrando que los textos que se han recogido son composiciones de curas bilingües y que tuvieron como fuente principal a Garcilaso.
Sólo hemos mencionado algunos de los más de cien artículos publicados por Duviols. De ellos hemos reeditado 53, repartidos en tres tomos publicados por el IFEA y la Biblioteca Nacional del Perú entre 2016 y 2024. En la misma colección, publicamos también, en el año 2021, una nueva traducción de su primer libro, titulada La lucha contra las religiones autóctonas en el Perú colonial. “La extirpación de la idolatría” entre 1532 y 1660, pues la versión mexicana de 1977 era muy deficiente y había causado mucha insatisfacción al autor.
En cierta forma, la obra de Pierre Duviols aparece como un conjunto fragmentado, pues, después de su tesis, no publicó ningún libro de síntesis sobre alguno de los temas abordados en sus artículos. Sabemos, sin embargo, que había proyectado hacerlo. Por una carta de recomendación de Dumézil, fechada en 21 de enero de 1979, nos enteramos de que Duviols tenía por entonces en preparación un libro en francés sobre el culto de los muertos en los Andes. Creemos que las circunstancias personales adversas que atravesó precisamente a partir de ese momento de su vida le impidieron abocarse a tareas de escritura de largo aliento.
Pese a ello, Duviols nos deja una invalorable obra de recuperación, análisis y edición de textos fundamentales para la historiografía peruana, así como de aproximación a los cronistas. Sus estudios sobre las antiguas organizaciones sociopolíticas y religiosas andinas pueden considerarse como fundacionales. Por su rigor metódico y la copiosidad de la información que movilizó, creemos que su producción permanecerá por mucho tiempo como una referencia imprescindible para el tratamiento de varios problemas esenciales para la historia cultural de los Andes.
Imagen central: Pierre Duviols en la Fundación Getty (1993). Fotografía de Pamela Blackwell, por encargo del Getty Research Institute. Referencia: Pierre Duviols, Series III. Photographs, Scholars Program images and recordings, 1985-2013, The Getty Research Institute (IA20026).
01.03.2026

